En los últimos años nos hemos acostumbrado a atestiguar largas jornadas de polémica cada vez que algún organismo público decide construir un nuevo edificio. Cómo olvidar los problemas de la biblioteca Vasconcelos, que hicieron que cerrara sus puertas para ser reparada apenas unos dias después de su inauguración. Qué decir de la nueva cede del senado de la república, víctima de las agendas políticas con motivo del bicentenario. Pero vaya que si de esta fecha hablamos, la que se lleva toda la atención es precisamente el monumento que representaría los doscientos años de México, como una nación libre y terminó convirtiéndose en un recordatorio de los peores males que siguen esclavizando a los mexicanos.
La estela de luz estuvo siempre destinada al fracaso. Nació de un concurso privado, en el que se convocó a diseñar... ¡un arco! como en los mejores tiempos del imperio de Bonaparte, y creo que es bastante claro que Napoleón ya es historia y nuestro país no vive su mejor época.
El resto de la crónica es conocido por todos. La obra no se terminó a tiempo, su costo se elevó, luego volvió a subir. Se canceló la obra, para continuarse unos meses después, esta vez con la denuncia por parte de su arquitecto de -la evidente- corrupción en su construcción. Su costo subió una vez más y finalmente se inauguró la gran estela, no sin antes prevenir de un posible ¡nuevo incremento en su precio!.
No es claro por qué un proyecto de 300 mil millones de pesos terminó costando tres veces más, pero lo que sí sabemos es que hay muchas responsabilidades implicadas. Al parecer los únicos que hicieron bien su trabajo, fueron los trabajadores. Desde el momento en que se decidió hacer dicha obra comenzaron a sumarse una serie de errores y malas practicas que finalmente tendrían que desatar dicho caos.

Intenté mucho tiempo resistirme a escribir sobre la pobre estela de luz por que al parecer ya todo se ha dicho acerca de ella. Sin embargo decidí hacerlo porque creo que vale la pena mencionar cierto aspecto positivo que encuentro en el poco querido monumento. Lo mejor que nos puede dejar la estela de luz es la reflexión de ¿Qué estamos haciendo mal? Proyectos como este se llevan a cabo diariamente en nuestro país, de forma tan más turbia que ni siquiera sabemos que ocurren. Cuando se trata de una obra pública tan grande, aunque se quieran ocultar ciertas anomalías, al estar expuestas a la mirada pública, éstas se vuelven más transparentes. Este desastre es un reflejo de lo que convulsiona a nuestro país hoy en día.
Quiero hacer una comparación con la ahora emblemática columna de la independencia, construída por el presidente Díaz en 1910. Al igual que la estela, el centenario "angel" no representaba absolutamente nada para ningún mexicano de aquella época. Su diseño, sus materiales y su concepto eran extranjeros, y la sociedad estaba tan descontenta como ahora con su gobierno. De cualquier manera un año después una revolución derrocó al gobierno que la construyó y la victoria alada adquirió una identidad, tal vez un poco distinta a la que su creador hubiese querido, pero logró su objetivo. Hoy es el símbolo de la ciudad de México y vaya que es apreciada por los capitalinos.
Lo que intento sugerir es: ¿Será nuestra estela un monumento en busca de qué representar? Tal vez adquiera valor en el futuro. Quisiera imaginar el próximo centenario con una sociedad mexicana diferente. Un pueblo que haya aprendido a nunca olvidar y que pudiese encontrar en la estela de luz un recordatorio de aquella crisis que logró ser superada.
*Agradezco a mis compañeros de la Facultad de Arquitectura, pues con su opinión enriquecieron esta nota.
*Agradezco a mis compañeros de la Facultad de Arquitectura, pues con su opinión enriquecieron esta nota.
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