Política (del griego politikós, "ciudadano", "civil", "relativo al ordenamiento de la ciudad").


jueves, febrero 09, 2012

Mitos que segregan.


Mario Pani (1911-1993) fue siempre un personaje controversial, incluso hoy sigue siéndolo. Y es que la basta obra de este arquitecto ha influido en la vida de muchos mexicanos, positiva o negativamente. Habrá distintas opiniones al respecto, pero estoy seguro de que coincidirán todos en que una de sus mejores obras es sin duda el conjunto urbano Miguel Aleman de la colonia del valle en la ciudad de México, conocido también como CUPA. Inspirado en las ideas de Le Corbusier para la Ville radieuse, Pani proyectó en un terreno de 40 mil metros cuadrados mil departamentos ocupando tan solo ¡la tercera parte de la superficie!. El resto lo convirtió en un gran parque que activó con comercio en la planta baja del bloque de vivienda. El edificio sorprendió a los ciudadanos de la época, pues se trataba del mejor ejemplo del esplendor que la modernidad podía ofrecer. Poco más de sesenta años después de su construcción, vivir ahí sigue siendo un lujo, pues a pesar de que su mantenimiento ha sido descuidado, la calidad habitable de aquel sitio es verdaderamente destacable. 
Sin embargo, recientemente sus habitantes sucumbieron ante uno de los peores males de urbanismo postmoderno: la privatización del espacio público. Ante la construcción cercana de una nueva estación de metro, los habitantes del CUPA decidieron enrejar el gran parque que el proyecto de Pani había otorgado a la colonia. Seguramente alentados por el miedo e influenciados por uno de los mitos más aberrantes de la sociedad mexicana: creer que la inseguridad se combate con rejas, bardas, barreras, etc. Los mexicanos somos aficionados a poner rejas hasta en los camellones, pensando que de esta forma controlamos nuestras ciudades, aunque en realidad esto sea como  tapar con un dedo el agujero en vez de reparar la fuga. Lo que ocurrirá en la Miguel Alemán, será que aquel parque pronto se convertirá en un lugar solitario y sin vida, requerirá de algún policía y de iluminación excesiva y aún así sera una zona más insegura. Lo único que se destruye con este tipo de barreras es la vida en comunidad, se segrega a las personas y se difumina la actividad de barrio. Esto es algo que ha sido advertido por muchos desde hace ya bastante tiempo: Jane Jacobs sabía desde la década de los setenta que la clave para mantener un lugar seguro era dotándolo de diferentes actividades y usos durante todo el día, ¡llenarlo de vida!. El ex alcalde de Bogotá Enrique Peñalosa escribió en su "Política de la felicidad" que si se trata a la gente como delincuentes se comportarán como tal, por lo que hay que tratarlos como humanos para que actúen como sociedad. Y no estaba equivocado, pues en el tiempo que gobernó la capital colombiana, logró convertirla en un referente mundial. Fomentó el uso del transporte masivo, reactivó las calles rescatando espacios públicos con zonas peatonales y carriles bici. Todo esto, para mejorar la calidad de vida en una de las ciudades que hasta entonces había sido de las más inseguras de latinoamérica. Urbanismo de primera, muy distinto a lo que vemos hoy en la colonia del Valle, en la que se pone en riesgo algo más que un hito arquitectónico, la vida de una comunidad. 



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