Su creador, Alejandro Casarín los imaginó en 1891 para Paseo de la Reforma. Tras una polémica década viviendo en aquél sitio, se mudaron a Paseo de la viga. Posteriormente, al construirse la línea tres del metro, nuevamente fueron removidos, para vivir ahora en la última estación, con la que compartirían el nombre. Pero su tranquilidad no duraría mucho, pues en 2004 cambiaron de morada por tercera ocasión. Ésta vez se moverían solo unos cuantos metros, al Parque Nacional del Mestizaje.
Me atrevería a pensar -tal vez de forma pervertida- que éstas estatuas podrían haberse convertido en una fiel alegoría del éxodo que han vivido miles de mexicanos, víctimas de la discriminación durante toda la historia de nuestra nación. Pero, parece que no son solo ideas mías, pues, acertadamente el Consejo Nacional para la Prevención de la Discriminación (CONAPRED) ha tomado a dicho monumento como estandarte para una campaña en contra del racismo en México.
Hace unos días, los indios volvieron a Reforma, de forma simbólica para recordarnos su existencia, y por supuesto, hacernos reflexionar sobre este problema social que sigilosamente ataca a nuestro país1.
La idea me agrada. Aunque lo que más me gusta es que su regreso sea solamente simbólico. No me gustaría pensar que alguien tuviera la terrible idea de una cuarta mudanza; un retorno a su lugar original. Y sería terrible por lo contraproducente que resultaría esta idea. Arrebatar nuevamente el monumento con el pretexto de combatir la discriminación sería despreciar la morada actual del mismo, porque permítanme recordarles que la discriminación urbana también existe y la sufrimos muchos diariamente. No poder cruzar una avenida, tener que caminar saltando entre agujeros y banquetas improvisadas, son parte de éste problema, y la morada actual de los indios verdes sufre bastante. Basta con visitar una vez la zona para darse cuenta que el lugar es francamente inhabitable. Suciedad, caos comercial, desorden vial y al ambiente del lugar podría agregarse la baja calidad del aire, que adquiere un aroma peculiar, entre humo de coche y grasa de puestos de comida. Y sin embargo, aquí caminan diariamente 700 mil personas2.
Claro que a nadie en el CONAPRED se le ocurriría algo tan atroz, pero tal vez alguien podría tener una excelente idea como la de rescatar la calidad de vida de la actual morada de los indios verdes, sus vecinos de carne y hueso lo agradecerían bastante.
1. http://www.eluniversal.com.mx/notas/814432.html
2. http://www.eluniversaldf.mx/otrasdelegaciones/nota7856.html
1. http://www.eluniversal.com.mx/notas/814432.html
2. http://www.eluniversaldf.mx/otrasdelegaciones/nota7856.html
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